Es un lazo eterno, un homenaje silencioso y lleno de amor a mi hermano Nacho, quien así llamábamos con cariño. Él nos dejó hace años, de forma repentina, por una enfermedad incurable. Desde entonces, pintar se convirtió en mi refugio. Fue mi forma de sostener el dolor, de entenderlo… de convivir con él.
A través de la pintura empecé a dar forma a todo lo que no podía decir con palabras. Canalicé mi tristeza, mi rabia, mi nostalgia, pero también la ternura, los recuerdos y la esperanza. En ese proceso descubrí que crear no solo me daba paz, sino también un propósito.
A día de hoy...
Hoy sigo pintando como «El Pocha», porque cada pincelada es también para él. Es mi forma de mantener viva su presencia, de transformar el duelo en belleza y de recordarme que el arte puede sanar incluso lo que alguna vez pareció imposible.
De algún modo, a través del arte, encontré la paz que siempre estuve buscando.
¿Quién soy?
Concha Feria
Vivo en Torreguadiaro, un pueblo pesquero bañado por el Mediterráneo, donde el mar, el viento y la calma me enseñan cada día a mirar con otros ojos. Soy artista expresionista y diseñadora gráfica autodidacta, aunque más que etiquetas, prefiero decir que me dejo llevar por lo que siento y lo transformo en color.
Pinto desde la emoción
No sigo reglas ni academias, pinto desde dentro. Lo que me remueve, lo que me emociona, lo que no sé decir con palabras, lo suelto con pinceles. Mi estilo es libre, muy mío, imperfecto y honesto. Me inspira lo que me rodea: las rocas, la madera arrastrada por las olas, las hojitas que el viento deja en mi camino. Para mí, todo tiene una historia. Por eso me encanta reciclar y darle una segunda vida a lo que otros tiran. Con cariño, con conciencia y con un toque de magia.
Mi exposición permanente
Vivo tranquila, rodeada de mar y naturaleza y la cabeza llena de ideas. Esa sencillez me conecta con lo esencial y me da espacio para crear sin prisa.
Mis obras tienen un rincón especial en el Hotel Mesón de Sancho, en Tarifa, donde están siempre expuestas. Allí hablan con quienes las miran. Algunas personas pasan de largo, otras se quedan un rato, pero muchas sienten algo. Y eso ya lo vale todo.
Porque al final, lo bonito está en lo natural, en lo imperfecto, en lo que no necesita explicación… solo ganas de mirar con el corazón.